Los ejemplos más antiguos que se conservan de dibujo chino son relieves en piedra del siglo XI A.C. y cerámica decorada del 5.000 al 3.000 A.C. Otros ejemplos destacados son dibujos a pincel de la
dinastía Míng e ilustraciones satíricas del artista Zhua Da de la
dinastía Qīng, así como la serie
La farsa de los fantasmas de Luo Liangfeng del siglo XVIII.
La historieta china tal como la conocemos hoy nace en el giro del siglo XIX al XX.
La introducción de las técnicas de litografía occidentales fue un paso fundamental para que las ilustraciones se pudiesen difundir masivamente. Se considera que los precedentes de la historieta china contemporánea son dos: las tiras satíricas que empezaron a aparecer en periódicos en la década de 1870 y los librillos ilustrados que se popularizaron en Shanghái en los años 20.
Una de las primeras revistas de humor gráfico que circularon en China fue
The China Punch, que llegaba de Reino Unido.
Una de las primeras piezas de historieta realizada por una persona de nacionalidad china fue
La situación en el Lejano Oriente de Tse Tsantai, impresa en 1899 en Japón. En 1911,
Sun Yansen instaura la
República de China y utiliza los tebeos que se editaban en Hong Kong para hacer propaganda contra el antiguo régimen. Algunos de los manhua que reflejan este periodo de transición política fueron
Zhēn xiàng huà bào ("Los registros auténticos") y
Rénjiàn.
La mayor parte del material de los inicios de la historieta moderna en China se ha perdido, aunque se conservan bastantes librillos ilustrados de los años 20, conocidos como liánhuánhuà. En 1927 se funda la asociación de historietistas Manhua Hui y en 1928 aparece la primera revista de historietas propiamente china, la
Shànghǎi mànhuà ("Dibujos de Shanghái"). Además de las revistas satíricas, surgen los “dibujos enlazados”, aventuras ilustradas con un fuerte mensaje moral.
El nuevo lenguaje se populariza y entre 1934 y 1937 se editan en Shanghái al menos diecisiete revistas dedicadas a la historieta. Todas estas cabeceras se utilizarían con fines propagandísticos durante la guerra sino-japonese y cuando Japón ocupó Hong Kong en 1941 detuvo todo tipo de actividad relacionada con el cómic. Terminada la II Guerra Mundial, la pugna por el poder entre el Kuomintang y los comunistas se reflejaría en la historieta satírica
Zhè shì yī gè mànhuà niándài ("Ésta es una época de cómic") de Renjian Huahui.
Durante los años 70, bajo el gobierno de
Mao, existían los “tebeos del pueblo”, dedicados a adoctrinar sobre la ideología maoísta y que mostraban, de un modo muy seductivo, una sociedad ideal disfrutando de la vida.
Con el crecimiento, a partir de los años 50, de la emigración china a Hong Kong, esta ciudad se convierte en el principal mercado de producción y consumo de tebeos. Una de las cabeceras más populares, lanzada en 1956, fue
Mànhuà shìjiè ("Mundo de cómic"), que contenía la muy popular serie de
Cái Shū (Tío Choi). Además, el mercado de Hong Kong estaba también abierto a las influencias de los tebeos japoneses y taiwaneses.
La llegada de la televisión en los años 70 supone un punto de inflexión. Las películas de Bruce Lee dominan la cultura popular de este periodo y hacen nacer toda una ola de mánhuá dedicado al kungfú.
Desde los 50, el mercado de tebeos de Hong Kong ha estado separado de aquel del resto de China. Aun cuando la soberanía de Hong Kong fue devuelta a China en 1997, la fuerte censura en la China comunista sigue marcando una fuerte brecha entre los dos mercados.