Lo de Mezzogiorno me ha dejado tan impresionado, que me voy unos días a Roma a ver si encuentro gente con quien bailarla...
"Tanta voluptuosidad espiritual y tanto trampantojo sólo puede derivar en la carne, en el hotel o donde haga falta. El cuerpo de TH es un regalo de Ingres. Me he acercado también a ver a Santa Teresa transverberada, porque Bernini es mucho Bernini, aunque fuera un trepa y un funcionario , y me he metido en la capilla y he lamido el mármol, y se me ha visto tan entusiasmado que nadie ha sido capaz de quitarle esa ilusión a un niño. Aquí viene a ser todo como hace treinta años, con las clarisas correteando por las calles, inconscientes de que ese hábito con vuelo las hace más coquetas y más infernales que un cenobita inglés. U hacen malabares con huevos para que no llueva. Me gustan estas chicas, me gustan muchas romanas, en aprticular las novicias y las chabacanas, las extenuadas en alguna parte del rostro. En una callejuela, camino de la iglesia de Santa Maria della Orazinoe e Morte (que me ha recomendado el gran Noel y que ha resultado abrir sólo los sábados aunque en la trasera le he descubierto una rectoría siniestra de evocadora austeridad), camino de Via Giulia, digo, me he topado con Asia Argento y le he dicho que me abrazara, por el amor de dios, que me abrazara fuerte y que no me soltase nunca, que soy fan valedor de la familia desde que tengo uso de razón, y TH sonreía ante mi espontaneidad, tan cara siempre, mientras nos tiraba una foto. Ya me dirás. De Asia escribí una vez que se le ve la niñez en el hocico y hoy he comprobado que no me equivoqué, que tiene en el morro el granujeo de su madre y que huele a no sé qué perfume dulzón que esta tarde, enredado con el Miyake de chica que me echo yo al gaznate cuando visito una perfumería, me ha hecho más feliz que veinte. En el Marie Claire del mes recuperan a Valentina y en el Linus se queja un lector de que hay mucho artículo y poca historieta, y en La casa del fumetto, que lleva abierta desde el año setenta, es casi todo manga, aunque en las librerías generalistas me he topado con Bardín el superrealista y con Brian the Brain. Ahora compruebo que en el cine hay reposiciones como Caltiki, il mostro immortale (Riccadro Freda, 1959), Il disco volante (Tinto Brass, 1964) o Los deslizamientos progresivos del placer (Glissements progressifs du plaisir, Alain Robbe-Grillet, 1974), y esta última estoy planteándome seriamente seguirla por toda Europa a partir de aquí: ir allá donde se proyecte y rendirle culto, porque no hay manera de consguirla en formato doméstico y la única vez que la vi deseé verla cien veces, una detrás de otra. Colosal todo."
Mientras tanto, no dejen de leer este libro, al que pertenece el texto de más arriba.
Por su bien se lo digo.