Gracias a la entrevista que le hicieron a Paula Bonet en Amor a l'Art, descubro que en Barcelona hay un bosque inundado. Al parecer es algo más o menos habitual en la selva amazónica. Si no podemos ir tan lejos, en Barcelona sigue siendo un escenario fascinante.
Después, en Cuarto Derecha, descubro la existencia del aquascaping, una suerte de paisajismo miniaturizado y subacuático. Parece que tiene un montón de aficionados por todo el mundo y organizan concursos donde presentan piezas realmente increíbles.
Tanto mundo sumergido me ha hecho acordarme de la novela de J.G. Ballard, una de las muchas que tengo en mi lista de libros que hay que leer antes de morir.
¿Qué sucede con esta acumulación de inmersiones? ¿Estamos destinados a vivir en un mundo sumergido? ¿Nos convertiremos todos en sirenas? ¿Acabaremos mudándonos a Europa, la luna interior con océanos subacuáticos de Júpiter?