Es un poco extraña la idea de componer un palíndromo cuando tienes una invasión alienígena justo sobre tu cabeza. Sobre el barrio de Ruzafa había suspendida una enorme concha anacarada en forma de tigre de cerámica. Gigante. Gigante y llena de extraterrestres chinos adolescentes dispuestos a combatir con nosotros sobre un ring lleno de barro y de excrementos de ballena por el dominio de los más profundos abismos de las lunas de Júpiter, lujosas suites llenas de diamantes y champagne del caro. Nada de eso importaba. Ni siquiera veía a la muchacha de pechos convexos que reposaba sobre mi mesa chupándose el coño con el ojo del culo. Nada de eso me importaba. Necesitaba resolver un palíndromo que contuviese "da para paja".
Llegaron los alienígenas y me obligaron a llevar una naranja en la cabeza y más de la mitad de las naranjas que recogeron se las llevaron a un planeta más allá de la Albufera donde se dedicaban a tirar petardos todo el día y a comer arroz. Gran arroz extraño, como de sushi, que trituraban en grandes máquinas con forma de pato defecador. Después lo embotellaban y se lo vendían a un señor con acento de Sueca pero cara de chino que siempre los miraba con cara muy seria desde detrás de un frigorífico antes de firmar el contrato. Después cogía un tigre de cerámica y lo pintaba como de tomaca de Manises pero sólo tenía azules y ultravioletas.
Necesitaba vivir en un coche lleno de descampados que celebrasen todos y cada uno de los días del advenimiento de una raza prehistórica de marcianos. Que contuviese un saco de petardos con los que poder llamar por teléfono a la más lejana de las estrellas para organizar una productora de porno y rodar la segunda parte de El virgo de Vicenteta. Todo esto les explicaba a mis captores mientras girábamos y girábamos dentro de la nebulosa, la misma que me había llevado hasta cada el día en que cogí a la madre de todas las borracheras por el cuello y le expliqué todo lo que llevaba años pensando. Al final ganó ella, claro, pero porque le ayudó un elefante.
No sé qué es un labio leporino pero puedo recitar de memoria los nombres de todos los emperadores alienígenas que nos invadieron aquella mañana de invierno de 1712. No lo parece pero están entre nosotros, atacándonos con forma de naranja, de mandarina y de níspero, haciéndonos creer que la mejor forma de alcanzar la felicidad es llenar de pájaros cualquier libreta que nos encontremos tirada dentro de una maleta grande como una ballena. Entonces y sólo entonces es cuando despierto y me doy cuenta de que Rosemary's Baby es una estafa, una gran estafa, la estafa definitiva y el salto sin red del maestro paellero Alfred Hitchcock, que querría que todos los valencianos se disfrazaran de Han Solo pero al final se quedó sin galletas.
Las chicas con gafas enormes son alienígenas. Las chicas con gafas enormes tienen tetas gigantes y culos turgentes que continúan en piernas de gallina con las que te cogen y te llevan volando a una isla. Sobre el peñón más alto hay un volcán activo y allí tienen su nido mágico, volador, con estrellitas, que gira como un gif animado. Te sueltan para darte de comer a sus polluelos, que son huevos de piedras con penes gigantes, que te dan de pollazos en la cara para rompértela. Pero consigues escapar y caer al volcán y allí todo es felicidad y hay máquinas de cerveza que te expenden latas o te la eyaculan en la cara. Y cantas, ríes y gritas sin saber si a la vuelta de la noche habrá más niños que los que cantan sobre la valla.
No tienes otra situación más extraña en tu vida que aquélla, cuando la madre de tu madre te saludó agarrándote por la oreja. Y tú querías decirle "¡para!" pero el emperador de los marcianos apareció en su carro de fuego. Sus dieciséis lenguas ondulando, su diadema de leones lanzando fuego por los ojos y los hongos que le brotaban de las orejas hablándote con voz de pito, porque tú sólo puedes entender los tonos graves. Eres el feto y el monolito. Eres la nave espacial y el teniente nazi en el cuerpo de una serpiente, que eyacula una y otra vez lenguas bífidas. Eres un vacío que ya ni sabe lo vacío que está. Porque quieres que los marcianos invadan Valencia y no que lo quemen todo sino que lo hundan hasta el Miguelete, para convertirnos todos en tritones, flotar en pelotas y follar todo el día.
la de la rueda cuadrada y la casa en llamas son mis favoritas jajajaja totalmente inexplicables.
ResponderEliminarYo me quedo con la de la china en topless y los señores con máscaras.
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