He aquí un chiste malo: El ingeniero pregunta "¿Cómo puedo construirlo?", el científico pregunta "¿Cómo funciona?" y el filósofo exclama "¡Marchando una de bacon con huevo!" Pero, con todos los respestos, Mr. Filósofo probablemente no se esté refiriendo a un bocadillo, sino al filósofo inglés Francis Bacon y al eterno enigma del huevo y la gallina. Sea como fuere, el caso es que mucha gente piensa que los filósofos sin empleo son graciosos. Pero ¿por qué? ¿Era divertido cuando los filósofos brindamos a la humanidad la Democracia, la Justicia, la Verdad, la Ciencia, el análisis de las prácticas sociales intramundanas, los lapsus freudianos...?
¡Ueps! ¿Qué ha sido eso último? ¿Qué hacen aquí Freud y sus lapsus? Os explico...
En nuestra primera clase de filosofía leeremos sobre Tales de Mileto, el primer griego en preguntarse las grandes cuestiones filosofales. Es famoso por su pregunta sobre las estructuras fundamentales del mundo (menos famoso por su respuesta: agua), pero en realidad es otro punto el que convierte a Tales en una de las anécdotas favoritas de los filósofos. Tales usó sus conocimientos para preveer una gran temporada para las olivas, así que compró la mayoría de las prensas de aceites del pueblo y ganó un montón de dinero. (Nunca se ha sabido de qué modo sus pensamiento filosóficos le llevaron a esta conclusión, quizás como el mundo era agua dedujo que llovería un montón...) En cualquier caso, Tales es no sólo famoso por ser el primer filósofo occidental propiamente dicho, sino también por ser el primer filósofo que consiguió dinero propiamente dicho con ello.
En el siglo XIX la filosofía llega a las universidades y se convierte en una profesión en sentido estricto, cuando no un asunto esotérico. (Quiero decir, ¿existe alguna esperanza de que las modalidades de la proposición apodíctica consigan algún empleo por sí solas?) Década tras década, la filosofía busca en vano su propio propósito hasta que en las postrimerías del siglo XX es delarada muerta (paradójicamente, fueron filósofos quienes la declararon muerta).
Afortunadamente, no todo el mundo tenía el síndrome de Casandra y como un fénix de las cenizas se alzó el Gremio de los Filósofos Desempleados. Desde nuestra Torre de Márfil aún no hemos descubierto la esencia primera del ser (aunque coincidimos en que el mundo es bastante acuoso), pero hemos descubierto que a la gente parece gustarle mucho ver a los pilares de nuestra educación reducidos a peluches, marionetas y todo tipo de bromas. El Gremio de los Filósofos Desempleados matamos dos pájaros de un tiro: hacemos reír a la gente y ganamos dinero con que poder sentarnos a leer Spinoza y mantener a nuestras familias.
Pese a lo que puedas pensar, pensamos profundamente en las cosas que hacemos y en los objetos que traemos al mundo. Personalmente, yo he probado la marioneta de dedo de Kierkegaard mientras leía Geisteswissenschaften de Hegel. (Vale, ya sé que Kierkegaard no sabía absolutamente nada de Hegel...). Sea como sea, creemos que hemos conseguido devolver a la filosofía a los tiempos de Tales, cuando un filósofo podía, enlazando algunas ideas, hacer de la vida y del mundo un lugar mejor. ¿Cómo? Simplemente lo hacemos.
Y lo que es mejor, parte de cada compra que haces va a causas filosóficamente profundas. El resto se destina a comprar más tazas de oro para los baños de la Torre de Márfil.
Puedes verlos todos desde aquí o descargarte el catálogo en pdf aquí.
Y enviarlos como regalistos de facebook :)
Como dijo Aristóteles: το ον λεγεται πολλαχωs!

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